Venía escuchando hablar de los ecoladrillos pero no se me había ocurrido hacerlos yo misma hasta que experimenté esto de las bolsas acaparando espacio en el patio hasta llegar a su destino reciclable final. Así fue que hace 7 días empecé mi primer ecoladrillo. Todo lo que se necesita es una botella de agua mineral, jugo o gaseosa, limpia y escurrida para que no quede humedad dentro.
Después, es sólo empezar a poner dentro de la botella las bolsas de nylon, los celofanes, los papeles muy plastificados. Vas a tener que ayudarte con una varilla para irlos empujando dentro. La idea es que el “relleno” quede bien compacto, de manera que el ecoladrillo sea realmente fuerte y resistente. Plumavit (es la bolita de telgopor, por nombrarla ordinariamente) y papel aluminio también pueden usarse. A mi misma me sorprendió notar cómo la botella se vuelve realmente fuerte al ser rellenada y con cuánta facilidad los desechos que necesitamos para este ladrillo se multiplican a nuestro alrededor. Por ejemplo, el otro día me traje los envoltorios de unos bocados dulces que me dieron con un café y, después, el envoltorio de un alfajor de maicena y todo fue a parar a esta nueva manera de reutilizar y reducir residuos. Si no lo hiciera, esos plásticos irían a un relleno sanitario o basural a cielo abierto, pudiendo ser llevados por el viento hasta un curso de agua o un campo, donde tardaría unas largas décadas en descomponerse y desaparecer (en el mejor de los casos).
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